6 ago 2013

El Papa Francisco: Que se asegure la dignidad, fraternidad y solidaridad

Transcribimos uno de los históricos discursos ofrecidos por el Papa Francisco en el marco de su visita pastoral al Brasil en el marco de la celebración de la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, realizada del 22 al 29 de julio. Sus profundas reflexiones creemos que serán valoradas por nuestros lectores.


Señoras y señores,

Doy gracias a Dios por la oportunidad de encontrar a una representación tan distinguida y cualificada de responsables políticos y diplomáticos, culturales y religiosos, académicos y empresariales de este inmenso Brasil.

Hubiera deseado hablarles en su hermosa lengua portuguesa, pero para poder expresar mejor lo que llevo en el corazón, prefiero hablar en español. Les pido la cortesía de disculparme.

Saludo cordialmente a todos y les expreso mi reconocimiento. Agradezco a Monseñor Orani y al señor Walmyr Júnior sus amables palabras de bienvenida y presentación.

Veo en ustedes la memoria y la esperanza: la memoria del camino y de la conciencia de su patria, y la esperanza de que ella, siempre abierta a la luz que emana del Evangelio de Jesucristo, continúe desarrollándose en el pleno respeto de los principios éticos basados en la dignidad trascendente de la persona.

Quien tiene un papel de responsabilidad en una nación está llamado a afrontar el futuro «con la mirada tranquila de quien sabe ver la verdad», como decía el pensador brasileño Alceu Amoroso Lima («Nosso tempo», en A vidasobrenatural e o mondo moderno, Río de Janeiro 1956, 106).

Quisiera considerar tres aspectos de esta mirada calma, serena y sabia: primero, la originalidad de una tradición cultural; segundo, la responsabilidad solidaria para construir el futuro y, tercero, el diálogo constructivo para afrontar el presente.

En primer lugar, es importante valorar la originalidad dinámica que caracteriza a la cultura brasileña, con su extraordinaria capacidad para integrar elementos diversos.

El común sentir de un pueblo, las bases de su pensamiento y de su creatividad, los principios básicos de su vida, los criterios de juicio sobre las prioridades, las normas de actuación, se fundan en una visión integral de la persona humana.

Esta visión del hombre y de la vida característica del pueblo brasileño ha recibido mucho de la savia del Evangelio a través de la Iglesia Católica: ante todo, la fe en Jesucristo, el amor de Dios y la fraternidad con el prójimo. Pero la riqueza de esta savia debe ser valorada en toda su plenitud.

Puede fecundar un proceso cultural fiel a la identidad brasileña y constructor de un futuro mejor para todos. Así dijo el amado Papa Benedicto XVI en su discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida.

Hacer crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir. Y aquí convergen la fe y la razón, la dimensión religiosa con los diferentes aspectos de la cultura humana: el arte, la ciencia, el trabajo, la literatura... El cristianismo combina la trascendencia y la encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto que invaden el corazón y se propagan por las calles.

Un segundo punto al que quisiera referirme es la responsabilidad social. Esta requiere un cierto tipo de paradigma cultural y, en consecuencia, de la política. Somos responsables de la formación de las nuevas generaciones, capaces en la economía y la política, y firmes en los valores éticos.

El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos la dignidad, fraternidad y solidaridad: Éste es el camino a seguir.

Ya en la época del profeta Amós era muy fuerte la admonición de Dios: «Venden al justo por dinero, al pobre por un par de sandalias. Oprimen contra el polvo la cabeza de los míseros y tuercen el camino de los indigentes». Los gritos que piden justicia continúan todavía hoy.

Quien desempeña un papel de guía debe tener objetivos muy concretos y buscar los medios específicos para alcanzarlos, pero puede haber el peligro de la desilusión, la amargura, la indiferencia, cuando las expectativas no se cumplen.

La virtud dinámica de la esperanza impulsa a ir siempre más allá, a emplear todas las energías y capacidades en favor de las personas para las que se trabaja, aceptando los resultados y creando las condiciones para descubrir nuevos caminos, entregándose incluso sin ver los resultados, pero manteniendo viva la esperanza.

La dirigencia sabe elegir la más justa de las opciones después de haberlas considerado, a partir de la propia responsabilidad y el interés por el bien común; ésta es la forma de ir al centro de los males de una sociedad y superarlos con la audacia de acciones valientes y libres.

En nuestra responsabilidad, aunque siempre sea limitada, es importante comprender la totalidad de la realidad, observando, sopesando, valorando, para tomar decisiones en el momento presente, pero extendiendo la mirada hacia el futuro, reflexionando sobre las consecuencias de las decisiones. Quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios.

Este sentido ético aparece hoy como un desafío histórico sin precedentes. Además de la racionalidad científica y técnica, en la situación actual se impone la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria.

Para completar la «visión» que me he propuesto, además del humanismo integral que respete la cultura original y la responsabilidad solidaria, termino indicando lo que considero fundamental para afrontar el presente: el diálogo constructivo. Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo.

El diálogo entre las generaciones, el diálogo con el pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad. Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, universitaria, juvenil, la cultura artística y tecnológica, la cultura económica, de la familia y de los medios de comunicación.

Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin una incisiva contribución de energías morales en una democracia que no sea inmune de quedarse cerrada en la pura lógica de la representación de los intereses establecidos. Es fundamental la contribución de las grandes tradiciones religiosas, que desempeñan un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia.

La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas.

Cuando los líderes de los diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta es siempre la misma: Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio.

El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y en el respeto de los derechos de cada una. Hoy, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos pierden; seguir la vía correcta hace el camino fecundo y seguro.

Excelencias, señoras y señores: Gracias por su atención. Tomen estas palabras como expresión de mi preocupación como Pastor de la Iglesia y del amor que tengo por el pueblo brasileño. La hermandad entre los hombres y la colaboración para construir una sociedad más justa no son una utopía, sino que son el resultado de un esfuerzo concertado de todos por el bien común.

Les aliento en su compromiso por el bien común, que requiere por parte de todos, sabiduría, prudencia y generosidad. Les encomiendo al Padre celestial pidiéndole, por la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, que colme de sus dones a cada uno de los presentes, a sus familias y comunidades humanas y de trabajo, e imparto a todos mi bendición.


El Papa Francisco tuvo una exitosa y esperada participación en Brasil.

Fuente: www.generaccion.com

Quinua: El producto peruano en el mundo

En el país de los incas, maestros en la domesticación de plantas y animales, protectores del pueblo peruano al que amaban y protegían, se produce un delincuencial y expropiatorio encarecimiento de la quinua, atentado que es obra de políticos corruptos y hambreadores y de empresarios corruptos y saqueadores.

Con grave irresponsabilidad, algunos personajes de la política y el empresariado y otros mercachifles corruptos y arribistas han estado pregonando a los cuatro vientos que la quinua es el alimento más completo, que es una solución para el problema de la desnutrición, etc., y que el Perú contribuirá a luchar contra el hambre mediante la exportación de la quinua; ¡no les interesa la extendida desnutrición infantil que reina en el Perú!

Que la quinua es un alimento completo y puede ayudar a combatir la desnutrición es cierto, siempre y cuando se actúe de manera seria y teniendo en cuenta los intereses de la mayoría del país. Es triste decirlo, no ha ocurrido en el Perú, donde la política oficial del estado es destruir a la población agrediéndola con un sistema de salud de una calidad propia del África subsahariana y con el propósito deliberado de causar desnutrición y tuberculosis, de modo que con orgullo los publicistas del exhiben el segundo lugar que tiene el Perú en el mundo en casos de tuberculosis multidrogoerresistente, lo cual asegura a los inversionistas  que la morbilidad y mortalidad de los peruanos garantiza una rotación y movilidad de personal que acepta salarios bajos simplemente para no morir de hambre.

Esto ocurre porque en la planificación estatal se ha excluido la seguridad alimentaria, que si se hace entraría en contradicción con el propósito de políticos corruptos y de empresarios corruptos de diezmar y degradar la calidad de vida de millones de peruanos que son pobres e indigentes. Al existir -sí, existe- una política de seguridad alimentaria destinada a fomentar el hambre y la enfermedad, se ha llegado a la monstruosa campaña de promover la exportación de la quinua quitándola del alcance de millones de pobres que apenas pueden soñar con el consumo de la quinua, que en Lima y otras ciudades ya ha llegado al inalcanzable precio de 13 nuevos soles el kilogramo que excluye del consumo de la quinua a la gente de bajos recursos.

Teniendo entendido que la producción de quinua no beneficia a las masas de pobres e indigentes del Perú y que el agricultor gana una miseria con su trabajo, en promedio cinco veces menos que el intermediario, es alentadora la confirmación de la noticia de que en el extranjero, en lejanos países, se está cultivando la quinua.
La diferencia en productividad muestra claramente que los políticos y empresarios peruanos nunca han tenido genuino interés por la quinua mientras servía de alimento a una pequeña parte de la población; en ningún momento tuvieron en mente mejorar la producción de la quinua ni promovieron investigaciones serias y en profundidad para que todos los peruanos podamos consumirla. Solo cuando en el primer mundo se interesan por la quinua empiezan los corruptos a exigir de los campesinos más y más quinua, que se cultiva acá sin técnica moderna.

Por eso el Perú no va a poder competir en la exportación de este grano con países que trabajan en serio invirtiendo mucho dinero en investigación y experimentación, algo que no quieren hacer los políticos peruanos si ven que eso va a beneficiar a los pobres, a la indiada. Además, debemos señalar que los cuatro países mencionados (India, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá) son industrializados y pueden crear maquinaria que se adapta al resultado de las investigaciones y experimentos que se realizan en el terreno. El Perú no fabrica esas maquinarias ni está asociado a un país que pueda hacer la maquinaria que necesitamos según las características de nuestra geografía y de los terrenos de cultivo de las diferentes zonas.

Meses atrás, hemos publicado un artículo en el que exhortábamos a nuestros lectores de habla inglesa a evitar que en sus países la importación de quinua agrave el problema del hambre y la miseria que reinan en el Perú, para lo cual debían propagar la idea de que lo mejor era que ellos mismos cultiven la quinua, objetivo que se está logrando cuando nos enteramos de la exitosa experiencia que empieza a desarrollarse en esos países.

Su cultivo extendido en esos y otros lugares lejanos es positivo por dos razones: Primero, habrá más de nuestra quinua disponible para el pueblo peruano, al disminuir o cesar su importación en esos países que ya la cultivan. Segundo, se reajustarán las formas de distribución y precios, con una posible disminución del parasitismo de los intermediarios.

A los campesinos no les irá muy mal, considerando que todo el tiempo ellos son la parte más débil de la cadena de producción y comercialización, porque mientras el agricultor arriesga su inversión de dinero y trabajo, los intermediarios ganan un promedio de cinco veces más que el campesino sin arriesgar prácticamente nada. Si los intermediarios u otros ladrones continúan especulando con los precios de la quinua, la importación pondrá las cosas en su sitio, cuando más barato resulte comprar la quinua importada que la quinua local.

La tarea pendiente y que no se va a emprender es desarrollar una política de seguridad alimentaria, porque los políticos corruptos y empresarios corruptos que gobiernan el Perú para beneficiar a Chile solo quieren saquear nuestra patria y obtener ganancias utilizando al pueblo peruano como una materia prima desechable y despreciable, que no merece ni una buena alimentación ni un buen servicio de salud.

Entonces, continuará este despojo de la quinua hasta que las llamadas “fuerzas del mercado” y la presión social y política impongan como solución la compra de quinua traída del extranjero, cultivada con las más modernas tecnologías.

Como cosa especial quedará para el Perú y Bolivia la producción y venta de variedades endémicas de quinua, tan especiales que solo se pueden cultivar en determinados lugares; tanto es así, que si se llevan las semillas a otra parte, no prosperan o crecen mal, o dan granos de baja calidad. Además, para conocimiento de aquellos que creen que la quinua solo puede cultivarse y prosperar en el Perú o en el Hemisferio Sur, debemos señalar que los indios de América del Norte conocieron y cultivaron por lo menos dos variedades de plantas similares a la quinua: Chenopodium berlandieri y Chenopodium album. No hay que hacerse ilusiones ni contar cuentos corruptos.


Fuente: www.connuestroperú.com

Ejerciendo el poder para alcanzar el éxito

Juan Buendía Fernández (*)


Pocas personas deciden lo que le sucederá en la vida. La mayoría de ellas dejan que su vida transcurra. Mantenerse con vida no es suficiente. Hay gran poder en las posibilidades. Se necesita ejercer ese poder para alcanzar lo aparentemente inalcanzable. Si las personas supieran definir lo qué es el éxito, sabrían qué hacer para alcanzarlo, pero si no saben ¿cómo van a alcanzarlo? El primer obstáculo es que lo entienden mal, tal y como lo afirma el investigador Wilfredo Pérez Ruiz en su artículo ¿Sabe usted qué es el éxito? (Observatorio del Medio Ambiente Peruano - Boletín Nro. 106).


El éxito es para todos. Maltbie D. Babcock dijo: “Uno de los errores más comunes, y el  más costoso, es pensar que el éxito se debe a algún genio, a  algo mágico o alguna otra cosa que no poseemos”.

Perspectiva errónea del éxito

Al empresario Jhon D. Rockfeller, quien regaló más de 350 millones durante su vida, se le preguntó cierta vez cuánto dinero más necesitaría tener para quedar satisfecho. Su respuesta: “Sólo un poco más”. El rey Salomón, del antiguo Israel, de quien se dice que el hombre más sabio y también el más rico que haya existido, afirma:”Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas, no sacará fruto” (Libro de Eclesiastés capítulo 5, versículo 10). En el mejor de los casos, el dinero y la riqueza y lo que éstos traen, son cosas fugaces. Hasta el multimillonario Aristóteles Onassis, reconoció que el dinero no es equivalente al éxito. Sostuvo que “después que llegas a cierto punto, el dinero pierde importancia. Lo que realmente  importa es el éxito”.

Nunca llega como resultado de poseer algo que siempre hemos  deseado, ya que las posesiones materiales son un activo temporal. El éxito no se alcanza ni se mide de esa manera.

Charles McElroy bromeó en una ocasión:”El poder es usualmente reconocido como un excelente antidepresivo de corta duración”. Puede dar la apariencia de éxito, pero aún así, es sólo transitoria. Ya  hemos escuchado o leído  la cita del historiador inglés Lord Acton: “El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe absolutamente”. Abraham Lincoln hizo eco de lo afirmado anteriormente cuando dijo: “Casi todo hombre puede resistir la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder”. El poder es realmente una prueba del carácter. En sí mismo, el poder no es positivo ni negativo. No es fuente de seguridad ni de éxito. El simple hecho de alcanzar metas no garantiza el éxito ni la satisfacción.

Perspectiva correcta del éxito

El éxito es un recorrido, un viaje. Se necesita por lo menos dos cosas: la perspectiva correcta y los principios y valores correctos. Aunque somos personas con distinta definición de lo que es el éxito, sin embargo el proceso es el mismo para todos. Se basa en principios que no cambian. Se puede definir que el éxito se resume en: Conocer el propósito por el cual vivimos, desarrollar al máximo el potencial  que tenemos, y disposición a beneficiar a los demás.

Conocer el propósito

Nada puede tomar el lugar del conocimiento del propósito. No puedo lograr lo mejor de mí a menos que haya establecido algún objetivo para mi vida, ya que podría pasar el resto de mi vida cometiendo errores. Hemos venido a la existencia con un propósito. Según Víctor Frankl “cada uno tiene su vocación o misión específica en la vida. Cada cual tiene que llevar a cabo una tarea concreta que exige cumplimiento. En esto la persona no puede ser reemplazada ni se puede repetir su vida. Por tanto, la tarea de cada uno es tan única como específica la oportunidad para realizarla”. Cada uno tiene un propósito para el cual fue creado. Nuestra responsabilidad- y nuestro mayor gozo- es descubrirlo.

Desarrollando el potencial

La única verdadera medida del éxito es la relación entre lo que podríamos haber sido y lo que hemos llegado a ser. Es decir, el éxito es el resultado de la forma como hemos desarrollado nuestro potencial. El potencial es el recurso más grande que tenemos sin utilizar. Podemos hacer cualquier cosa pero no podemos hacerlo todo. Muchas personas dejan que quienes los rodean decidan su agenda en la vida. Son conocidos como personas de muchos oficios como resultado de no enfocar sus mejores esfuerzos en uno solo. No puede haber éxito sin sacrificio. Si quieres lograr grandes cosas, debes estar dispuesto a grandes sacrificios. La dedicación a un progreso continuo es la clave para desarrollar tu potencial y tener éxito. Cada día se puede ser un poco mejor. Recuerda que lo que obtienes por el desarrollo de tu potencial no es tan importante como lo que llegas a ser a lo largo del proceso.

Booker T. Washington dijo: “Aprendí que el éxito debe ser medido no por la posición que uno haya alcanzado en la vida sino por los obstáculos que se hayan superado tratando de tener éxito”. No importa lo que hayamos tenido que enfrentar en el pasado, tenemos el potencial para superarlo. Como dice el proverbio: “El que no mira hacia adelante, se queda atrás”.

Disposición a beneficiar a los demás

Hay una parte esencial en el camino hacia el éxito: ayudar a otros. No ganamos la vida con lo que recibimos, pero hacemos la vida con lo que damos. El médico y filósofo Albert Schweitzer afirmó: “El propósito de la vida humana es servir, mostrar compasión y ayudar a los demás”. Para él, el viaje al éxito lo llevó a África, donde sirvió por muchos años. La clave es encontrar su propósito y ayudar a otros mientras procura cumplirlo. El animador Danny Thomas insistía en que “todos hemos nacido por una razón, pero no todos descubrimos el porqué. El éxito en la vida nada tiene que ver con lo que ganas en ella o logras para ti. Es lo que haces por los demás”. No importa dónde estemos ahora. Aplicando estos principios ¡podemos ser exitosos hoy!

(*)  Contador público, licenciado en Administración de Empresas, docente  de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza y con maestría en Ciencias con mención en Proyectos de Inversión.
















La mediocridad: ¿Desgracia peruana?

Wilfredo Pérez Ruiz (*)


Acabo de encontrar una oportuna frase del recordado novelista, ensayista y pintor argentino Ernesto Sábato (1911 – 2011) como prólogo a esta nota: “Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás”. Sin duda, la mediocridad es un “cáncer” extendido en individuos carentes de visión y expectativas de crecimiento y desarrollo.


El empleo habitual de este concepto está referido a alguien de baja calidad en su desempeño y niveles de realización. Se asocia con quien no alcanza cierto estándar de perfección y eficiencia. Es un calificativo severo y, por cierto, cuyos orígenes y manifestaciones compartiré con usted.

Para empezar deseo comentar lo señalado por el intelectual, sociólogo y político italo-argentino José Ingenieros (1877 – 1925). Un personaje extraordinario e influyente en las generaciones latinoamericanas -que gestó la histórica Reforma Universitaria de Córdova (Argentina, 1918)- en la que se formaron personajes notables de esta región como Hipólito Irigoyen, Rómulo Betancourt, Salvador Allende, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros. Además, fue representante del pensamiento positivista, fundador del socialismo argentino y Maestro de Juventud (título otorgado por los estudiantes reformistas). Figura referencial para los jóvenes comprometidos con las heroicas luchas sociales, de principios del siglo XX, en este lado del continente.

En su obra “El hombre mediocre”, José Ingenieros trata sobre la naturaleza del hombre, oponiendo dos tipos de personalidades: el “hombre mediocre” y el “idealista” y, además, analiza sus características morales y las formas adoptadas en la sociedad.

Allí afirma que "no hay hombres iguales". En tal sentido, establece una división en tres tipos: Hombre inferior, hombre mediocre y hombre superior. El autor precisa que el “hombre mediocre” es incapaz de emplear su imaginación para concebir arquetipos que le propongan un futuro por el cual luchar. Es sumiso a la rutina, los prejuicios y las domesticidades. Es dócil, carente de personalidad, contrario a la perfección, no acepta planteamientos distintos a los recibidos por tradición e intenta opacar toda acción distinguida.

No obstante, José Ingenieros -quien solía decir: “Es más contagiosa la mediocridad que el talento”- describe al “hombre idealista” como un ser apto para usar su imaginación a fin de concebir ideales legitimados por la experiencia y se propone exhibir patrones de perfección altos, en los cuales pone su fe con el afán de modificar el pasado en favor del porvenir. Este sujeto, por ser original y único, contribuye con sus ideas a la evolución social; se perfila como un ser individualista que rehúye someterse a credos éticos. Es soñador, entusiasta, culto, diferente, generoso e indisciplinado. No busca el éxito, sino la gloria, ya que el triunfo es momentáneo.

Sin temor a equivocarme y, especialmente, recogiendo lo revelado por este lúcido pensador, percibido en el día a día una cantera de ejemplos de la mediocridad convertida en una “forma de vida” frecuente, numerosa e intensa. Tal vez falte tiempo para tratar lo que me inspira una sociedad –como en anteriores artículos lo he sindicado- de colosales desigualdades, apatías, insolidaridades, desencuentros, contrastes, convulsiones y cambiante. También, altamente influenciable, temerosa y manipulable al igual que toda comunidad inculta, tercermundista y carente de autoestima.
La mediocridad se muestra en múltiples ámbitos. Se aprecia en los padres de familia que salen del apuro preparándoles una lonchera deficiente a sus hijos –y no por razones económicas- sino por real falta de voluntad para documentarse en asuntos de nutrición; lo vemos en los profesionales que hacen su trabajo a medias y evitan esforzarse más de lo necesario; se verifica en los alumnos que estudian para un examen y ni siquiera son capaces de aportar, preguntar e indagar los temas inherentes a su formación; se respira cuando escuchamos decir “así está bien, no te esfuerces tanto”; podemos verlo en los que gozan envueltos en lo monótono e incluso tienen pavor a los nuevos desafíos; se constata en quienes dicen “nadie me lo reconoce, porque debo producir más” y justifican su proceder en la ausencia de motivación.

En lo personal percibo la mediocridad en reuniones familiares o amicales. No falta  algún mediocre –con los que coexisto- que dice: “No seas tan formal, así nomás ponemos la mesa, total somos todos de confianza”. Hasta en actividades insignificantes, reitero, se puede advertir. Cuando oímos aseverar: “No vas a cambiar las cosas, deja todo así”, “no te metas, evita problemas”, etc. estamos frente a inequívocos mensajes de arrebato anodino.

Es una suerte de ADN del nacido en el Perú. Se siente -más que la humedad capitalina- en los educadores que emplean la supuesta baja remuneración (si son tan probos y brillantes porque no cambian de centro de labores) para respaldar su evidente pequeñez en la enseñanza, en sus evaluaciones, ayudas audiovisuales, materiales, etc. En el reciente “Día del Maestro” (6 de julio), mi cálido homenaje al profesor que lucha contra un entorno colmado de paraplejias morales e pensantes. Aflige percibir un sistema educativo infiltrado por cuantiosos desempleados, limitados y banales seres que distorsionan la pedagogía.

Asimismo, es doloroso el elevadísimo índice de mediocridad en el sector público. Allí es común fingir estar “ciegos, sordos y mudos” en función de conveniencias partidarias u de otra índole. Viví hastiado al observar la mediocridad, convertida en una “reglamentaria práctica”, cuando presidí el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006 – 2007) y mis disposiciones suscitaban rechazo -en los frívolos, pusilánimes, timoratos y ambivalentes servidores estatales de carrera- por el trabajo que les generaba. Su ineficiencia y desidia eran suficientes para edificar un monumento. Fui blanco de múltiples críticas, incluso de quienes consideraba mis amigos, por combatir y revertir esta situación con determinación.

Nos incumbe encarar la mediocridad –tan aceptada y apetecible como los dulces criollos- con audacia, atrevimiento y valor. Sublevémonos y encaremos este mal lacerante y que, además, intenta apoderarse de nuestra mente y espíritu. Hay que subvertir el alma y la conciencia ciudadana en el afán de lograr redefinir la conducta general.

La pasividad para aceptar y convalidar –con una actitud conformista- lo acontecido a nuestro alrededor, sin intentar hacer algo para revertir una situación anómala, refleja una indolencia opuesta a las posibilidades de progresar. En sinnúmero de ocasiones el peruano está parado en el “balcón” de su existencia mirando, diagnosticando y asumiendo el confortable papel de criticón. Sin embargo, se resiste a tomar un rol proactivo e impulsar el cambio que demanda.

Por otra parte, el filosofo y escritor argentino Alejandro Rozitchner –autor del libro “Ganas de vivir – La filosofía del entusiasmo”, enuncia: “Mediocre es no creer en la autenticidad como una posibilidad y un valor, y negar la existencia de una felicidad a nuestro alcance, que pide pagar los lógicos precios de todo logro. Mediocre es negar la importancia de la aventura existencial individual, formulando generalidades sociales a las que se toma como marcos de sentido siendo en realidad ficciones impersonales”.

Estas líneas son escritas a la luz del incontenible malestar suscitado por la oriunda mediocridad. Enfrentarla trae consigo ser calificado de excéntrico, intrépido y altisonante. Pero, no importa; la vida bien vale este genuino esfuerzo de esparcir –con el ejemplo coherente y digno- semillas de esperanza e ilusión. Es un reto frente al que no debemos abdicar.

Bienaventurados quienes transforman la creatividad, la locura, el entusiasmo, la energía y la perseverancia, en fuente inagotable de inspiración con el propósito de forjar un futuro mejor alejados de los obstáculos que bloquean nuestro bienestar. Por último, recuerde la afirmación del escritor y médico español Pío Baroja y Nessi: “Emancípese usted de la vida mediocre”.


(*) Docente, consultor en organización de eventos, protocolo, imagen profesional y etiqueta social. http://wperezruiz.blogspot.com/