1 sept 2013

¿Sabe usted qué es el éxito?

Wilfredo Pérez Ruiz (*)


En nuestra sociedad se relaciona el éxito con la conclusión final de notables actuaciones profesionales y, en consecuencia, se tiene la percepción que se debe reflejar en la posesión de bienes materiales, estatus, poder, fama y otros componentes. Por esta razón, conviene desarrollar una noción discrepante.


Es común encontrarnos con personas –de todas las edades, procedencias y condiciones- que trabajan, ahorran y luchan por alcanzarlo. A mi parecer existe la impresión errada que el éxito es lejano, inalcanzable y, por cierto, se socia con el confort y prestigio social.
El próspero magnate mexicano Carlos Slim Helú –uno de los hombres más ricos del mundo- brinda una apreciación interesante, sencilla y diferente: “El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles y académicos que tienes, ni a la sangre heredada o la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuantos carros quepan en tu cochera. No se trata si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominente de clubes sociales. No tiene que ver con el poder que ejerces o si eres un buen administrador o hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces. No se debe a la ropa, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu status social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo”.

Asimismo, en su carta a la comunidad universitaria (1994) presenta una reflexión profunda y veraz: “…El éxito no es hacer bien o muy bien las cosas y tener el reconocimiento de los demás. No es una opinión exterior, es un estado interior. Es la armonía del alma y de sus emociones, que necesita del amor, la familia, la amistad, la autenticidad, la integridad”.

Desde mi punto de vista los halagos, ascensos y distinciones recibidos, a nivel profesional y laboral, no siempre son sinónimo de triunfo. Relacionarlo con lo externo es un error. Su plena obtención se observa en el mundo interior de cada uno de nosotros. En nuestro ser íntimo, espiritual y, por lo tanto, en la actitud asumida frente a la vida.

Me gustan las palabras del intelectual mexicano José Luis Barradas Rodríguez: “Tener éxito en las pequeñas cosas que haces, levanta el ánimo, la autoestima y te prepara para tener éxito en las grandes cosas que hagas”. Allí está el punto central de mi reflexión. La victoria empieza con las realizaciones y conquistas forjadas por la perseverancia y el empeño inspirados en la autoestima.

Depurar la esfera interna de miedos, sospechas, obstinaciones, rencores, complejos y sentimientos negativos que contaminan la visión positiva del mañana y, por lo tanto, nos aminoran. Seamos capaces de efectuar una intensa limpieza interior a fin de alcanzar nuestro desarrollo y crecimiento.

Rehuyamos inquietarnos tanto, como es habitual en sociedades del tercer mundo, por lo externo. Un experto con sobresalientes títulos académicos, buen salario, automóvil del año, cuantiosas tarjetas de crédito, prendas de vestir de última moda, socio de representativos clubs sociales y, no obstante, abrumado por odios, cargos de conciencia, prejuicios, frustraciones, desamores familiares, etc. ¿Será exitoso? Probablemente, quienes no conocen los pormenores de su esfera individual podrían envidiar su “éxito”.

Evitemos colocar este calificativo a un mortal solo por sus méritos laborales y económicos. Veamos por encima de lo relacionado al trabajo para valorar otros ámbitos –no percibimos a simple vista- y enjuiciar lo alcanzado por nuestros semejantes. Seamos acuciosas y profundos en nuestras observaciones. También, tomemos con serenidad lo que puedan hacernos creer sobre nuestros supuestos triunfos.

En más de una oportunidad pienso en su compleja definición. Cada uno tiene, con todo derecho, su evaluación e interpretación que está reflejada en las acciones destinadas a conseguir el éxito. Un hombre puede creer que el éxito es tener un empleo, para otro ser gerente general y para un tercero convertirse en el dueño de la compañía. Lo cuestionable es “uniformizar” necesariamente el éxito con lo superficial, material y monetario, sin tomar en cuenta lo ofrecido por la vida para lograr la superación personal, más allá de la competitividad en el mercado laboral.

Hace pocas semanas dos de mis alumnas del Instituto San Ignacio de Loyola (ISIL), Allinson Liza y Fiorella Larrea –estudiantes llenas de empeños, talentos, esperanzas, buenas voluntades y que alimentan nuestra ilusión en la docencia- me preguntaron: ¿Cuál piensa usted que es el factor para el éxito? Respondí: “Creo que el éxito está en una suma de pequeños detalles. Si la recuerdan cuando se va; si deja una huella positiva en esta vida; si a lo largo de su trayectoria echó semillas y otros las recogieron; si hay más gente que la considera a usted su amiga, que a los que usted supone sus amigos; si logra levantarse todos los días con la conciencia tranquila, exhibiendo las manos y los bolsillos limpios; si tiene paz interna y disfruta de su trabajo, es exitosa. De tal manera que, mi definición difiere de la que, por costumbre, se tiene en nuestro medio”. Bienvenido el éxito, amigo lector.


(*) Docente, consultor en organización de eventos, protocolo, imagen profesional y etiqueta social. http://wperezruiz.blogspot.com/

6 ago 2013

Editorial

Estimados lectores,

Pedimos disculpas a nuestros lectores por la repentina suspensión de la edición de Visión San Borja que, por inconvenientes ya superados, no pudimos elaborar la correspondiente al mes de junio. Nuevamente, reaparecemos con la misma convicción de seguir haciendo un aporte periodístico serio, crítico, reflexivo, tolerante y, especialmente, ajeno a cualquier consigna que desvirtúe el espíritu que inspira nuestra labor.

Hace algunos días hemos asistido a varios sucesos, propios del quehacer político, que deseamos comentar. La elección en el Poder Legislativo de los magistrados el Tribunal Constitucional, de los miembros del directorio del Banco Central de Reserva y del titular de la Defensoría del Pueblo, generó una inmediata, dinámica y firme respuesta juvenil y ciudadana que ha obligado al Congreso de la República a dar retroceso en lo que todos hemos coincidido en señalar como absurda y polémica elección que no hace sino ratificar la creencia, no desmentida por los hechos, que la clase política adopta decisiones a espaldas del sentimiento colectivo de la inmensa mayoría de peruanos.

El habitual discurso del jefe de estado -en cumplimiento del mandato constitucional- en el Congreso de la República ha dejado mucho que desear y, una vez más, se evidencia las carencias y limitaciones de un presidente sin visión de futuro y elementos para proyectar en su esperado mensaje a la nación las acciones que se implementarán, en concordancia con su plan de gobierno, en los meses venideros. El país no puede estar gobernado con el “piloto automático” y carente de voceros e interlocutores capaces de dialogar y explicar al pueblo sus acciones de estado.

De otra parte, para el pueblo aprista siempre es especial recordar el 2 de agosto los 34 años de la partida a la Casa del Señor, de nuestro jefe y fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, cuyo liderazgo y jerarquía suprema no admiten agravios, ni lapsus que deshonren la majestad de su legado ejemplar de pobreza, decencia, austeridad y dedicación por sus ideales sociales que, además, evocamos en momentos de mediocridad, oscuridad y deshonra en la política peruana. Víctor Raúl fue un apóstol continental cuya obra y honestidad merecen tenerse en cuenta.

En tiempos en los que se percibe una casta política que actúa sin considerar las inmensas demandas sociales de los más pobres, que aún no han sido resueltas, reclamamos la restructuración de los partidos políticos a fin de volver a constituirse escuelas de formación ciudadana, foros de movilización, puentes de entendimiento, espacios democráticos e instituciones destinadas a servir al Perú. Esa es una tarea central de los partidos políticos.

     Arturo Loli Caballero
                                                                             Secretario  General
Comité  Ejecutivo Distrital de San Borja
 Partido Aprista Peruano

Lloviendo sobre mojado

Grover Pango Vildoso (*)


Lo más elegante con que se ha juzgado el mensaje presidencial de este año ha sido: no decir nada inconveniente ya es bueno. Sin duda así lo será en otras latitudes, pero entre nosotros -país tan envuelto en las incertidumbres- ese cauteloso silencio puede complicar más las cosas.


En el año 2012 en materia educativa se mencionaron tres asuntos de considerable importancia: mejoramiento de aprendizajes, el magisterio y la modernización de la gestión. En estos mismos ámbitos muy poco ha dicho el presidente de la república. Preocupa sobremanera que todos los esfuerzos de tantos años, destinados a poner a la educación como un tema nacional y no sectorial, que debiera ocupar la primera de las prioridades, vuelva a subsumirse como uno más que se pierde entre tantas otras preocupaciones. Ni siquiera relacionado con otro problema urgente de nuestra actualidad como es la inseguridad ciudadana.
Deberemos entender mejor si es real y efectivo que los 248,000 docentes que mencionó el presidente Humala como incorporados al régimen son aquellos que se hallaban en ejercicio cuando se dio la “ley de la reforma magisterial” en noviembre del año anterior. Reconozcamos que es casi un eufemismo, porque hasta ahora no hay concurso de ingreso a la nueva carrera pública magisterial ni de acceso a nuevas escalas para quienes están en servicio.

Hubiera sido siquiera un respaldo señalar la existencia del Plan Perú Maestro, interesante documento con compromisos para el bienio 2013-2014 que ha entregado el ministerio de Educación. Entre varias promesas destacamos de allí, porque es urgente, la convocatoria al concurso de directores que ya está en marcha. La cobertura de esas 15,000 plazas de directores enfrenta dificultades provenientes de su propio diseño, como resultado del cual hay enfrentamientos con los directores actualmente en funciones. Pero por ahí pueden comenzar, en términos reales, las posibilidades de obtener mejorías en la calidad educativa mediante la gestión, cuando se cuenta con un líder institucional idóneo como lo debe ser un buen director/directora.

Seguramente la ministra del sector dará y ampliará en adelante las informaciones que se le soliciten sobre este y otros asuntos, pero la oportunidad de hablarle al país desde el sitial y la circunstancia del mensaje presidencial es incomparable y se ha desperdiciado.

No puede ser sólo un ritual que el presidente de la república se dirija al país desde el Congreso de la República. Lo hace porque es la casa de las leyes, porque lo que acuerda el Congreso lo debe cumplir el Poder Ejecutivo. Por ello, nada de lo que ocurra en el primer poder del estado puede serle ajeno al presidente y no se puede ver como una intromisión que el primer mandatario exprese lo que le preocupa delante del primer poder del estado y de todo el país, porque de esa manera se busca coherencia y se ejerce liderazgo.

Pero nada se ha dicho de la ley universitaria, que se halla en discusión, que ha obtenido pronunciamientos unánimes de rectores y ha sacado a las calles a los universitarios. Nada tampoco de la Ley de Organización y Funciones del ministerio de Educación, sin la cual cada nivel de gobierno sigue sin saber con claridad cuál es su obligación en el proceso educativo. Y esto es fundamental para la descentralización, citada sólo por cumplir en el mensaje.

Finalmente, como suele ser entretenido jugar con cifras, en el mensaje se utilizó una sola vez la palabra “docentes” y ninguna vez las palabras “magisterio” o “maestro”. Pero hubo aplausos “espontáneos” 82 veces que interrumpieron los 63 minutos de lectura. Para algunos el mensaje fue muy emocionante.

(*) Educador, político y miembro del Partido Aprista Peruano. Fue alcalde Tacna, ex diputado nacional y  ministro de Educación (1985 – 1987). Ha sido Secretario de Descentralización del Consejo de Ministros.

Sin dudas: No hay rumbo gubernamental

César Gutiérrez Peña (*)


Generalidades en demasía, sentenciosas frases sobre supuestas acciones a tomar, lista de lavandería del recuentro de trivialidades realizadas  y nada más, es lo que deja el mensaje presidencial al congreso de la república. No llama a sorpresa, la mediocridad del gobierno es una realidad conocida, de él no podemos esperar alocución de estadista.


Pero lo que más me ha llamado la atención son dos temas: uno anunciado con candidez y poca vergüenza autocrítica y el otro soslayado, me refiero al proyecto de modernización de la refinería de Talara de propiedad de Petroperú y al gasoducto sur andino, respectivamente.

En relación al proyecto Talara, el gobierno aprista le dejó al “humalismo” un contrato pendiente de definir el costo de construcción, luego de lo cual debería iniciarse inmediatamente las obras. Es inconcebible que luego de dos años solamente se haya definido el monto y aún esté pendiente una secuencia de gestiones, hasta que se arribe a una autorización de endeudamiento que debe ser emitida por el ministerio de economía y finanzas, cuyo convencimiento de hacerlo es aún de pronóstico reservado. Tenemos varios meses por delante para que lo anunciado por el señor Humala se convierta en realidad, que no llame a sorpresa que en el camino salga una negativa.

El meollo del problema de un avance tan lento, tiene una explicación, nadie está viendo el horizonte de todas las acciones que quedan por delante y la manera que debe sustentarse ante la Contraloría General de la República y economía y finanzas para tener un visto bueno. A ello hay que agregarle el temor de los funcionarios ante responsabilidades por cifras billonarias. Esto se supera fácilmente si se contratan consultoras de talla mundial para que emitan opinión y señalen a los funcionarios el derrotero en el que debe tomar decisiones. No se ha hecho y aún no se sabe cómo hacerlo. Despistados piensan que el entrampamiento se soluciona con instrucciones de las más altas jerarquías políticas, ignorancia supina y atrevida.

En relación al trajinado gasoducto sur, no hubo palabra alguna, ¿significará que se han dado cuenta que no es lo más apropiado y que la participación de Petroperú en este proyecto lo inhabilita a realizar Talara? El Poder Ejecutivo deberá aclarar.


(*) Ingeniero mecánico con estudios en Finanzas, consultor en servicios públicos, asesor de empresas, docente universitario, y ex presidente del directorio de Essalud y Petroperú. 

Crisis en el gobierno de Ollanta Humala

María del Pilar Tello (*)


Los jóvenes indignados que salieron a las calles de Lima a protestar contra la manipulación y excesiva politización de la elección de las autoridades del Tribunal Constitucional,  del BCR y del Defensor del Pueblo parecen ser sólo la punta de un iceberg que muestra el descontento de la población frente a un gobierno que está acumulando frentes de oposición y reclamos gremiales.


Desde los profesores, estudiantes y rectores de las universidades públicas pasando por los empleados públicos y continuando con los maestros, médicos, enfermeras y técnicos. Todos piden que se modifiquen normas o que se cumpla con lo que el gobierno les prometió.

En menos de una semana, movilizaciones en el centro de Lima ponen al gobierno de Ollanta Humala en jaque al cumplir sólo dos años de su mandato. Las fiestas patrias coinciden con la indignación y el Congreso de la República que será, como todos los años, el escenario de las celebraciones, está también bajo fuego, cuestionado por la llamada repartija y otras lindezas, aunque los congresistas no parecen darse cuenta de su fuerte impopularidad. No escuchan a quienes queriendo llevar agua a otros molinos, satanizando la democracia, los partidos y las instituciones han llegado a pedir el cierre del Parlamento Nacional, lo que equivaldría a arrojar el agua con el bebe adentro.

La popularidad del presidente está de bajada, al igual que la de su consorte que luce más política que él, aspecto que empieza a generar fuertes resistencias en la población y en los poderes fácticos. Se requiere con urgencia que los reflejos democrático funcionen, en un momento en que no solo el gobierno tiene problemas y aparece sitiado por las protestas, lamentablemente los partidos políticos, con sus altos líderes, los ex presidentes García, Toledo y Fujimori, cuestionados, investigados o sentenciados por corrupción, respectivamente, están también jaqueados.

Llueve sobre mojado. El pacto político de cuatro partidos fue repudiado por la población en tanto no sirvió para elegir a los mejores sino a los más convenientes para los intereses de cada grupo. El cuoteo fue identificado como un mercadeo de la representatividad asignada a los congresistas. Hubiera sido menos evidente si hubieran tenido el tino de seleccionar personas calificadas sin conflictos de interés aun cuando tuvieran militancia partidaria. Otro elemento que exacerba la rabia es que pareciendo la protesta legítima la policía reprime torpemente, dispersa con violencia a gente cuyo reclamo es el mismo que formuló el presidente de la república exigiendo la rectificación que finalmente se produjo.

Una comedia de equivocaciones que puede tener un costo muy alto para el gobierno. Ojalá la nueva directiva del Parlamento Nacional logre bajar tensiones y el presidente con su mensaje patrio renueve esperanzas en un régimen que demasiado temprano exhibe debilidad. Así que ni oposición ni gobierno pueden tirar demasiado de la cuerda, guardar las formas y cuidar la democracia que tanto nos costó recuperar. Hay razones para preocuparse.

(*)   Periodista, analista política, escritora, docente universitaria, integrante del Comité Técnico de Alto Nivel del Acuerdo Nacional y ex presidenta del directorio de Editora Perú.


A nuestra bandera se la respeta

Carlos Penalillo Pimentel (*) 


A pocos días de haberse celebrado nuestras fiestas patrias, vemos con cada vez menos asombro como maltratan y denigran nuestra hermosa bandera peruana. Probablemente, sea una muestra más de las carentes credenciales cívicas y ciudadanas que caracterizan a nuestra población.


Solo basta que levantemos  la mirada al salir por las calles y observar a nuestros vecinos, instituciones, locales comerciales, vehículos públicos y privados como hacen y deshacen con nuestro emblema patriótico, usándola y colocándola simplemente como realmente les da la gana.

Lejos quedan mis recuerdos de niño donde realmente vivíamos una verdadera semana patria con amor y respeto a nuestros símbolos y se sancionaba a las personas que no colocaban la bandera como la Ley manda, bastaba que una casa la pose en su balcón como un trapo a secar para que inmediatamente la autoridad les imponga una severa multa y esos eran casos aislados

Celebrar el 28 era una fiesta esperada por la ciudadanía. Nos preparábamos para vivirla con nuestros mejores atuendos, era costumbre pintar nuestras casas, escuchar con atención el mensaje presidencial, gozar con verdadero espíritu patriótico la “parada militar”, asistir a los espectáculos circenses de primera calidad, saludarnos con un sentido FELIZ 28!

Hoy por hoy, estamos a expensas que una cervecera con sus campañitas nos haga sentir más peruanos, esperar algún partido de nuestra peor selección de la historia y salir a las calles henchidos de emoción patriótica con la blanquirroja por todo el cuerpo sufriendo 90 minutos para que al final regresemos compungidos por una derrota o por no clasificar a un mundial.

Muy pocos tenemos por costumbre usar la escarapela desde el primer día de nuestro mes jubilar. Obviamente somos observados como bichos raros por pacientes o compañeros de trabajo, que somos varios miles en el Hospital Edgardo Rebagliati, quienes nos expresan esa frase de cliché: “que patriota eres”. Felizmente más de uno es contagiado por nuestro ejemplo. ¿Qué será de las generaciones venideras si no les inculcamos el amor a la patria?

Sabrá la ciudadanía que el pabellón nacional o la bandera de guerra están reservadas, únicamente, para instituciones del estado. Basta hacer un recorrido por las calles para evidenciar la triste realidad, estas son ofrecidas en las esquinas como cualquier bandera y son usadas indistintamente. Los grandes buses la colocan como protectores de consola, las tiendas “chicha” como cortinas, los taxistas hasta en la tapa de gasolina y las mototaxis, ni que decir.

Pero, estas barbaridades también se ven en las “altas esferas” que en teoría son “más cultas”. Hace unos días regresando a mi domicilio por la avenida Caminos del Inca vimos atónitos como la lujosísima y prestigiosa cafetería y panadería “Don Mamino” exhibía una bandera mal puesta, o mejor dicho, colocada con un palo o tubo sacado de por ahí como asta sin el más mínimo respeto por nuestro símbolo.

Lamentablemente, esta anti peruana historia no termina el 31 de julio, se prolonga por meses y, en algunos casos, hasta el próximo 28. Las banderas no las retiran buena parte de compatriotas. Simplemente las dejan puestas permitiendo que el tiempo, la lluvia, el sol, el viento y, por último, la ley de la gravedad, las deteriore, aje, deshilache, destroce y, finalmente, se caigan como el peor trapo de la casa.

Un llamado a la conciencia de todos los peruanos y evitemos estas atrocidades patrias. Una exigencia a nuestras municipalidades distritales para evitar pensar solo en llenar sus arcas y apliquen las sanciones correspondientes. Prediquemos con el ejemplo, nuestros hijos y la patria nos los agradecerán. ¡VIVA EL PERÚ!


(*) Licenciado Tecnólogo Médico en Laboratorio Clínico y Anatomía Patológica, militante del   Comité Distrital de San Borja y ex dirigente estudiantil de la JAP.

Nadine Heredia: ¿El auténtico poder detrás del trono?

Wilfredo Pérez Ruiz (*)


La esposa del jefe de estado ostenta la simbólica denominación de “primera dama”. Su influyente presencia en las altas esferas del poder genera variadas y numerosas críticas –algunas válidas, otras antojadizas y subjetivas- acerca de su desenvolvimiento en esta honrosa función.


No me inspira ningún sentimiento machista, tampoco le guardo animadversión, ni cuestiono sus roles de soporte a las labores del presidente de la república. Me parece una joven entusiasta, segura, emprendedora, inteligente, carismática y, además, una buena comunicadora.

Los liderazgos femeninos causan injustas críticas en una población que censura –de modo hipócrita y reservado- el ascenso de la mujer en nuevas y amplias determinaciones gubernamentales. Ese puede ser el caso de Nadine Heredia. Aún cuando evitara excesivas actuaciones, sería cuestionada -por sectores conservadores y retrógrados de la sociedad- debido a su talante moderno, peculiar y autónomo, expresivo de su forma diferente de conducirse.

Por costumbre la primera dama cumple quehaceres asistenciales, sociales, formales y secundarias ausentes de connotación política. Sin embargo, desde el primer día de su mandato, Ollanta Humala Tasso puso de manifiesto un estilo en el que incluyó a su esposa en el ejercicio de las gestiones gubernativas, por lo visto, sin restricciones. Más allá de gestos, detalles y actitudes, es indudable su peso en la marcha del Poder Ejecutivo. Recientes y reiterados sucesos lo acreditan sin ambigüedades.

A mi opinión, este derivar se origina en el exiguo aparato institucional que sostiene a los gobernantes carentes de una sólida estructura organizacional y que, por sus visibles limitaciones, están obligados a recurrir a su cercano círculo de parientes y amigos para otorgarles funciones que, de mediar una agrupación partidaria articulada, estarían reservada a sus mejores cuadros.

Así pasó durante la administración de Alejandro Toledo Manrique (2001 – 2006), quien cometió el grave error de constituir una cofradía con sus hermanos, sobrinos y cónyuge encargada de cumplir encumbradas atribuciones. Por encima de escasas simpatías y aceptaciones, Eliane Karp de Toledo cubría el déficit existente en los improvisados actores políticos. De igual forma, Alberto Fujimori Fujimori -hasta el golpe de estado del 5 de abril de 1992- contó con la decidida participación de su esposa y hermanas.
Las innumerables ocurrencias de la señora Heredia han contribuido a gestar una corriente cada vez más intensa de malestar e incomodidad en relación a las disposiciones que, únicamente, corresponden a los elegidos por el pueblo para representar sus demandas ciudadanas. Vale decir, su esposo y las autoridades nominadas mediante sufragio directo, universal y secreto en el proceso electoral del 2011, con excepción de los ministros de estado.

Al parecer, Nadine Heredia no conoce límites, ponderaciones y sensateces. Los medios de prensa nos han facilitado escuchar un audio en donde el titular de Defensa hace referencia a una supuesta “luz verde” otorgada por ella para efectuar adquisiciones militares. Sucedió algo similar en la reciente juramentación de las nuevas ministras. En la foto oficial apareció al lado del primer ministro. Su presencia alteró la línea de precedencia establecida en el Cuadro General de Precedencias y Ceremonial del Estado, elaborado por el ministerio de Relaciones Exteriores.

Del mismo modo, en las celebraciones por la fiesta nacional la hemos observado sentada al costado del jefe de estado en el estrado principal del desfile militar, contraviniendo la tradición y la categorización protocolar que dispone para su esposa una tribuna continua con las consortes de los funcionarios estatales. Igual tropiezo aconteció en la homilía en la Catedral de Lima y en su innecesaria ubicación con el gabinete ministerial en el Patio de Honor de Palacio de Gobierno.

Existen argumentos –obviando consideraciones protocolares- contundentes para sugerir a la esposa del mandatario que rehúya formular declaraciones sobre temas inherentes a los ministros y a quien personifica a la nación. Sería recomendable persuadirla de la preeminencia de sus expresiones y, por lo tanto, evitar inmiscuirse en asuntos concernientes a los responsables de conducir los destinos del país. Suscita rechazo su constante involucramiento en alguien que, además, no ostenta cargo público.

La locuacidad, desenvolvimiento y simpatía de la señora Heredia -una mujer con condiciones académicas, intelectuales y políticas- opacan a su marido. Un gobernante parco y tímido, alejado de los escenarios, carente de recursos lingüísticos y fluidez en sus expresiones. Humala posee un perfil contrastante con el realce de su pareja y pretende, seguramente, emplear la habilidad comunicacional de Nadine en un régimen caracterizado por su falta de voceros y silenciosos portavoces.

Deseo soslayar que, después de casi 30 años, reside en la Casa de Pizarro una pareja acertadamente constituida, por encima de apariencias, conjeturas y formalidades. La familia presidencial ofrece un ejemplo permanente de unidad, fidelidad, armonía y cohesión que, sin mezquindades, convenimos en reconocer. Es gratificante la imagen hogareña de los Humala Heredia y la vida sana, austera, sincera y enlazada al deporte del líder de Gana Perú.

Tengamos en cuenta que los últimos presidentes estuvieron impedidos de mostrar un hogar seguro e inclusive se vieron obligados a explicar su controvertida biografía personal y hasta reconocieron hijos extra matrimoniales. Dos de ellos debieron dar “mensajes a la nación” esclareciendo tan enojosa situación. Punto aparte merecen sus oscuras travesías amorosas y vinculadas al consumo de alcohol y sustancias tóxicas. Recordemos, asimismo, que un ex jefe de estado -en prisión por violación de los derechos humanos y cuantiosos casos de corrupción e inmoralidad- estuvo acusado de torturar y secuestrar a su esposa. Lindas y admirables familias las que han habitado Palacio de Gobierno en tiempos nada lejanos.

Podría ayudar mucho a Ollanta Humala si los afanes de su pareja no terminan siendo un pasivo que, lejos de conectarlo con el pueblo peruano, lo distancia. Lo que estaría proyectando la percepción de un cogobierno marital donde la consorte adquiere una injerencia impertinente en las deliberaciones de estado. Aconsejo a la socia de su plan político meditar sobre la conveniencia de esta sabia frase: “La prudencia se detiene, donde la ignorancia ingresa”.


Nadine Heredia siempre está en el centro de la atención y el debate Público, es indudable su peso en la marcha del Poder Ejecutivo. Recientes y reiterados sucesos lo acreditan sin ambigüedades.



(*) Docente, consultor en organización de eventos, protocolo, imagen profesional y etiqueta social. http://wperezruiz.blogspot.com/