10 jun 2013

Un primero de Junio

Mesías Guevara Amasifuen (*)


Hace 57 años, un 1 de Junio, Fernando Belaunde Terry -con la bandera nacional en mano- irrumpió en la política nacional, enfrentando a la dictadura de Manuel A. Odría. Su aparición estuvo enmarcada en diáfano verbo que explicaba su propuesta de reivindicar la libertad democrática y su emancipación ideológica de concepciones foráneas, así como la importancia de consolidar la integración de nuestro país, desarrollando políticas de estado con una visión de futuro. Su actuación se inspiraba en las tradiciones del Perú antiguo.


Desde entonces creó para los peruanos una ideología a la que llamó “El Perú como doctrina”, sustentando la necesidad de instaurar una sociedad justa, donde haya igualdad de oportunidades para todos. Este pensamiento encendió la pasión por la peruanidad, instando a que los ciudadanos reconozcamos la tradición de un país milenario, que erguido sobre la tradición hidráulica, vial, planificadora y ayuda mutua, nos oriente a alcanzar la conquista del Perú por los peruanos, así como la defensa insobornable de la democracia y la libertad.
La actuación del presidente Belaunde nos enseña el camino que los políticos debemos seguir. Es decir, tener siempre presente que la esencia de la política es el arte de gobernar y de servir; asimismo, que la conducta debe estar orientada por los principios de honestidad e integridad. Esto es importante para devolver la confianza al pueblo peruano en la política y en sus políticos. Más aún cuando vemos los cuestionamientos a los últimos ex presidentes.

Por otro lado, esta propuesta ideológica enfatiza que en nuestro país existe una agenda pendiente con la integración vial, salud, educación, generación de empleo y la consolidación de la identidad nacional. Belaunde afirmó que en nuestro país urge la integración a través de los caminos y de las telecomunicaciones. Sostuvo el reto de consolidar un sistema educativo con dignidad para los educandos y los profesores, la necesidad de fortalecer la actividad agraria, así como a la pequeña y mediana empresa.

La decisiva modernización de la infraestructura, debía ser vista como un medio y no como un fin. La democratización del crédito y el fortalecimiento de la descentralización debían premunirse de un espíritu exportador. En ese sentido, Acción Popular, viene haciendo esfuerzos para consolidarse como una institución al servicio de las grandes mayorías, defendiendo la libertad de expresión, buscando la justa distribución del tener y del saber, para de esta manera afrontar con éxito los desafíos naturales de la época actual.


(*) Secretario General Nacional de Acción Popular.

Sobre los concursos cinematográficos del Ministerio de Cultura

El viernes 24 de mayo la Dirección de Industrias Culturales del Ministerio de Cultura emitió un comunicado referente a los concursos cinematográficos del 2013, que más que aclarar la situación, y lejos de transmitir tranquilidad, genera desconcierto y la inquietud de que los concursos terminen postergándose indefinidamente.


Estamos ya prácticamente a mitad de año y lo concreto es que los concursos aún no se convocan y el comunicado en mención siembra dudas respecto a su realización al señalarse:

3.- El plan presentado en dicha ocasión está siguiendo su procedimiento regular de aprobación. Sin embargo, de acuerdo a ley, su aprobación está sujeta a la certificación de disponibilidad del presupuesto con el que contará el Ministerio de Cultura para la realización de los concursos de cinematografía 2013.

Es necesario recordar que “el plan presentado en dicha ocasión” se refiere al power point mostrado por la DIC el 30 de abril, hace casi un mes, propuesta que nunca se hizo pública a pesar de los ofrecimientos de los funcionarios ahí presentes. Sin embargo, más grave aún es que nos enteremos de que recién se está tramitando el presupuesto de los concursos, el cual debe ser de acuerdo a la Ley 29919:

Artículo 17.- Apoyo económico de los premios.

El apoyo económico que acompaña a los premios de los concursos es de un mínimo de 2008 UITs, y se distribuye por el Ministerio de Cultura con cargo a su presupuesto asignado en la Ley de Presupuesto de la República de cada año.

Es decir, volvemos a lo de siempre: el MEF es quien dispone el presupuesto y por más leyes que existan de por medio el dinero para atender los concursos depende de su “buena voluntad”. Si a ello le sumamos la lentitud burocrática del Ministerio de Cultura para concretar la recepción del presupuesto, nadie sabe cuándo tendremos Concursos.

Pero a esta incertidumbre a la que nos somete el Ministerio de Cultura, se añade algo peor: el retraso con que se está tratando la elaboración de las disposiciones complementarias a la Ley 29919, requisito indispensable para que se organicen los concursos. Como sabemos, la Ley 29919 modificó los concursos creados por la Ley 26370 y se publicó en el diario oficial El Peruano el 28 de setiembre del 2012, hace ya ocho meses. En su disposición cuarta se señala:

CUARTA. En un plazo no mayor de treinta días, el Ministerio de Cultura aprueba las disposiciones complementarias que se requieren para cumplir con lo dispuesto en la presente ley.

Es conveniente preguntarse entonces: ¿Por qué hasta ahora no se publican las disposiciones complementarias? Su elaboración no depende de “disponibilidad presupuestaria” alguna, “acuerdo del Congreso de la República” o “del Consejo de Ministros”, sino de voluntad política del ministerio y de un eficaz manejo legal y administrativo. Voluntad y manejo que parecen estar ausentes en todo este proceso de los concursos, que tienen paralizado a todo el cine peruano.

Desde la Unión de Cineastas Peruanos demandamos que se aclare el tema de los concursos y las disposiciones complementarias a la Ley 29919. Los funcionarios directamente involucrados y el propio ministro de Cultura, Luis Peirano Falconí, le deben a la comunidad cinematográfica un pronunciamiento claro y preciso. Las disposiciones complementarias a la Ley 29919 y el cronograma de concursos y talleres del 2013 no pueden demorar más.

Desde los orígenes de la Ley 19327, cuya promulgación acaba de cumplir 40 años, los cineastas hemos dado una amplia demostración de nuestra voluntad para ejercer y defender el cine peruano, lo que nos ha permitido hasta la fecha continuar produciendo. Hace muy poco lo vimos con la elaboración del anteproyecto de Ley General de Cinematografía, sobre el cual el Ministerio de Cultura no se pronuncia desde hace un año. Dada la gravedad de la situación, es necesaria la búsqueda de soluciones conjuntas en un camino unitario y de comunicación entre los gremios cinematográficos y cineastas en general, y el Ministerio de Cultura.

Lima, 27 de mayo de 2013.


Unión de Cineastas Peruanos.

La solidaridad: Un valor enaltecedor

Wilfredo Pérez Ruiz (*)


Este es uno de los valores más significativos e importantes en la existencia de un individuo y en una sociedad con la aspiración de constituirse en unida, cohesionada y capaz de aglutinar esfuerzos, demandas y expectativas comunes.


Permite identificarnos con los problemas y sufrimientos del prójimo. Refleja nuestra sensibilidad y se alimenta, desde la más tierna infancia, a través del entorno familiar y social. Es decir, se nutre de los ejemplos que forjan nuestras vidas.  Un ambiente solidario -en las más variadas, reducidas y menudas ocasiones- contribuye a afianzar este valor en sus integrantes.

El niño procedente de un hogar capaz de convertir la solidaridad en un hábito –sin distinción, intereses o vínculos afectivos- tendrá un referente que, probablemente, marcará su convivencia social. Sugiero incorporar a los hijos en actividades que les faciliten percibir la trascendencia de este valor en la vida.

También, se requiere una aptitud empática no siempre existente en la comunidad. Recordemos que la empatía consiste en entender los pensamientos y emociones ajenas, de ponerse en su lugar y compartir sus impresiones. No es preciso pasar por iguales experiencias para interpretar mejor a los que nos rodean, sino solo captar los mensajes verbales y gestuales transmitidos por la otra persona.

Debemos contribuir todos a formar una sociedad de seres empáticos, hábiles en respetar y aceptar al prójimo. Esta empieza a ampliarse en la infancia cuando los padres resguardan las expectativas afectivas de los hijos y les enseñan a expresar las propias inquietudes y, además, a vislumbrar las ajenas. Plasmar la solidaridad implica contar con cierto grado de empatía.

Quiero anotar que la solidaridad incrementa la autoestima. Cuando brindamos colaboración al semejante, nos sentimos útiles y, de esta forma, fortalecemos nuestra autovaloración, experimentamos satisfacción e incrementamos nuestra sensibilidad. La autoestima revela el obrar del ser humano en los más variados ámbitos de su desenvolvimiento.

Con frecuencia comento a mis alumnos que la autoestima es una “columna” interna que ayuda a enfrentar –con éxito, fuerza e ilusión- el devenir de la vida. Si esta “columna” está mal edificada y contiene vacíos e inconsistencias, la respuesta del sujeto -ante determinados conflictos y acontecimientos- será de miedo, duda, incertidumbre y pobre autovaloración. Tendrá una sensación que lo hará sentir incapaz para afrontar su destino.

De otra parte, los peruanos rehuimos tener un instinto de hermandad con el semejante. Cada uno vive sus propias expectativas, realizaciones y necesidades. Asumimos una reacción egoísta y, en consecuencia, distante de la posibilidad de construir un vínculo de adhesión. Tenemos como política evitar involucrarnos en nada que no nos afecte directamente. Es muy habitual dar la espalda al compatriota.

Escucho con reiteración palabras –incluso de padres de familia- como: “Hazte el ciego, sordo y mudo”, “no te metas a ayudar a nadie”, “olvídate del resto”, “vive tu propia vida y listo”, “preocúpate por ti y no por los demás”, “no des la mano a la gente, es una mal agradecida”, etc. Estas frases ratifican una actitud que imposibilita forjar un sentimiento de acercamiento con los demás.

Evadimos apropiarnos del medio porque no asociamos lo que está a nuestro alrededor como propio. Obviamos incorporar a la comunidad en nuestro proyecto de vida –como resultado de un débil sentido de pertenencia- y, además, procedemos a observar displicentes y criticar con agudeza los dramas ajenos. La indiferencia es parte de nuestra forma de ser. Estamos resignados e inmersos en un contexto colmado de atraso, incultura, apatía y antivalores. A nadie le importa nada más que el “metro cuadrado” sobre el que está parado.

Si tuviéramos la más mínima voluntad podríamos comenzar siendo solidarios con los familiares, amigos, colegas, vecinos y, de esta manera, lograríamos superar nuestra mezquina individualidad. La solidaridad no se impone, ni improvisa. Se convierte en una virtud al practicarse en todo tiempo, circunstancia y lugar. Empecemos con gestos elementales de emoción social.

Algunos simbólicos actos pueden ser un primer paso: Visitar a un familiar enfermo, ayudar a quien atraviesa dificultades, dar asistencia al compañero de trabajo, brindar auxilio a una anciana al cruzar la calle, consolar a un amigo lleno de padecimientos, identificarnos con causas colectivas, ofrecernos para una labor voluntaria, entre otras tantas ideas. Sugiero dejar de mirarnos solo a nosotros mismos, para comenzar a ver el mundo en el que estamos envueltos.

Amigo lector, deseo compartir con usted esta interesante reflexión anónima: “Solidario es aquel que, teniendo cuatro ases en la mano, pide que se baraje de nuevo”. Aprendamos a ser copartícipes en las grandes adversidades y también en las más pequeñas. Estaremos ofreciendo un noble y ejemplar aporte al “bien común”.

(*)   Docente, consultor en organización de eventos, protocolo, imagen profesional y etiqueta social. http://wperezruiz.blogspot.com/

8 may 2013

PARTIDO APRISTA PERUANO
COMITE EJECUTIVO DISTRITAL 
DE SAN BORJA



ARMANDO VILLANUEVA DEL CAMPO

 Lima, 25 de noviembre de 1915 - † Lima, 

14 de abril de 2013

Editorial


Estimados lectores,

Hace algunas semanas partió a la Casa del Señor, el querido y respetado líder histórico del Partido Aprista Peruano, Armando Villanueva del Campo. El último integrante de una generación heroica que contribuyó a forjar, con su entrega y sacrificio, los destinos del aprismo auroral y cuyo ejemplo de vida es un referente ejemplar para todos los peruanos.

Armando –a lo largo de su vida- padeció cárcel, destierro, persecución y sin número de sufrimientos por enrolarse –desde temprana edad- en las filas del aprismo. Fue el primer secretario general de la Federación Aprista Juvenil (FAJ) y, además, un dirigente importante en la conducción del movimiento aprista. Fue candidato presidencial en las elecciones generales de 1980.

Su trayectoria le permitió llegar a la presidencia de la Cámara de Diputados, del Senado de la República y a la Presidencia del Consejo Ministros, entre otras trascendentes responsabilidades que asumió en momentos difíciles para el país. Su desempeño se caracterizó por la honestidad y honradez de cada uno de sus actos. Eso es algo que no debemos olvidar en circunstancias de tan profunda crisis moral que lacera la actividad política.

En tal sentido, coincidimos con lo afirmado por nuestro compañero Carlos Roca Cáceres en su artículo “Armando Villanueva: Valiente, leal y honesto” (ver esta edición), al afirmar: “…él si dejó un legado de honradez que en estos difíciles días que vivimos, ha merecido no solamente el reconocimiento emocionado de sus hermanos del partido sino también de la mayoría de los peruanos que quieren que la política sea dignificada por hombres como él, que la ejerzan no como un asalto al erario nacional sino como una forma de servicio a favor de los demás, particularmente de los más necesitados y de los más pobres”.

Fue un peruano austero, sencillo, culto, valiente y perseverante que no ha dejado bienes materiales o riquezas. Solo el ejemplo de una vida dedicada al Partido del Pueblo y a la defensa de los ideales de “pan con libertad”. La epopeya de su legado permanecerá en la retina de nuestros recuerdos y será fuente de inspiración para lograr hacer de la política una noble actividad al servicio de más necesitados de la patria.

Los peruanos tenemos la obligación de aprender de su lealtad con las causas sociales que abrazó y por las que bien vale luchar consagrando una vida sin desmayos, ni abdicaciones. Armando, ha dejado una huella de consecuencia política que nos devuelve la esperanza en el porvenir del aprismo que debe, a pesar de sus problemas internos, volver hacer la esperanza de las mayorías nacionales. Honor y gloria a Armando Villanueva!

                                             
                                                                                                                              Arturo Loli Caballero
                                                                                             Secretario General
Comité  Ejecutivo Distrital de San Borja
Partido Aprista Peruano

El difícil equilibrio


María del Pilar Tello (*)

El presidente Humala puso énfasis en el equilibrio económico de su gobierno en su alocución ante el Foro Económico Mundial. Pero nada más difícil de precisar que el equilibrio en un país con una derecha tan susceptible y vehemente en su afán de mantener a raya a un gobernante que hasta el momento le ha dado el gusto de renunciar a sus arrestos iniciales y adecuarse a su grita mediática.

Todas las banderas sociales necesitan financiamiento, recursos que dependerán en gran medida de la minería por ello el régimen no puede descartar proyectos mineros esenciales altamente financiados. Conga por su alta conflictividad demostró que Humala se apresuró a aceptarla.

No estamos ante posiciones extremas ni ante diablos irreductibles. Pero cuando de mover fichas se trata salta el fantasma de la Gran Transformación y los medios apelan a los garantes para recordar la Hoja de Ruta. No hay matices, lo que empresarios y derechosos buscan es la indefinición que solo permite una cauta administración de la crisis. Cuando el presidente quiere recuperar autonomía y tomar decisiones políticas como le corresponde, la calma se torna en tormenta con críticas exageradas que podrían llevar al país a escenarios de difícil gobernabilidad o al menos ese es el fantasma con que manipulan.

Humala debe administrar una triple presión, la de los conflictos sociales, la de los empresarios que le exigen buena conducta y la internacional de la globalización. Por eso busca el centro como el mejor espacio, el equilibrio entendido como un reformismo complaciente según los momentos.

Todavía no se cumplen dos años de su gobierno y ya las concesiones son muchas y fuertes. En la práctica el equilibrio se identifica con la economía mixta y la profundización de la democracia para unir reformas sociales con manejo económico liberal. Adherir al mercado con distintos matices de regulación. Lo poco o lo mucho que haya avanzado no es identificable ni con la derecha ni con la izquierda. Pero si quiere hacer realidad un estado fuerte, regulador, promotor y redistribuidor, no ausente sino bien presente, necesitará de mucha mayor firmeza. Nadie mejor que un militar para saber que no todo es poder duro ni vertical.

(*)   Periodista, analista política, escritora, docente universitaria, integrante del Comité Técnico de Alto Nivel del Acuerdo Nacional y ex presidenta del directorio de Editora Perú.

Falleció congresista Javier Diez Canseco


Al cierre de esta edición llegó la lamentable noticia del deceso del congresista y líder de la izquierda peruana, Javier Diez Canseco. Un peruano íntegro, un ciudadano ejemplar y comprometido con sus ideales cívicos y democráticos. Un político, como pocos, entregado a sus postulados hasta su muerte.

Estudió la primaria en el Colegio Inmaculado Corazón y la secundaria en el Colegio Santa María Marianistas. Su padre era gerente del Banco Popular y vivió en un ambiente acomodado. A pesar de su formación religiosa, dejó de practicar la fe católica cuando ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Estudió derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Sufrió de poliomielitis cuando tenía un año de edad, lo cual lo ha dejado con una característica cojera.

Presidente del Partido Socialista del Perú. Su trayectoria partidaria, parlamentaria, política y social, nos recuerda que es posible reconciliar la decencia y la honradez con el quehacer público, sin desmayos ni abdicaciones. Así lo demostró durante su paso por la actividad pública.

Valiente, honesto, leal y en él apreciamos un conjunto de valores perdidos -en un país marcado por la traición, el miedo, la apatía y la indiferencia- y un referente de fidelidad. José Carlos Mariátegui, alguna vez expresó: "En el Perú es difícil mantenerse fiel a un principio y a una convicción". Javier: Una enaltecedora excepción.

Adversario de muchos. Supo enfrentar a la dictadura de la década pasada, lideró movimientos sociales, afirmó ideales y convocó entusiasmos ciudadanos. Protagonizó su última batalla enfrentando la corrupción y la inmoralidad en una nación lacerada por una profunda crisis moral.

Renunció a su condición de clase a temprana edad y se enroló en asentamientos humanos. Su discapacidad física nunca le impidió "hacer camino al andar". Mi homenaje a este militante de las filas de la izquierda peruana que, en tiempos recientes, fue maltratado por el Congreso de la República al que llegó -en el actual período- con una de las más altas votaciones. Demostró dignidad al rechazar la suspensión de la injusta sanción impuesta por el Poder Legislativo.

Fue miembro de la Asamblea Constituyente de 1978, diputado (1980) y senador de la república. En este último Congreso de la República llegó –en las filas de Gana Perú- para asumir una tarea fiscalizadora en la que encontró muchos obstáculos y trabas. En días recientes, escribió su última carta en defensa de los derechos de los trabajadores. Su lecho de enfermo no fue obstáculo para continuar trabajando por una patria grande, noble y justa. Honor al adversario caído. (Nota del editor)

Urge reconciliar la política con la decencia


Wilfredo Pérez Ruiz (*)

Acaba de partir a la eternidad, al momento de escribir estas líneas, un amigo al que me unió una relación de genuino cariño e intensa admiración: Armando Villanueva del Campo. Su trayectoria fue un referente de entrega, sacrificio y lealtad por un sueño colectivo. Dio muestra de firmeza, nobleza y perseverancia en su lucha por sus ideales y, además, murió en absoluta austeridad, sin riquezas materiales o acusaciones de lucro personal.

Estos son tiempos en los que la política –entendida como la ciencia y arte de atender e involucrase en los asuntos públicos- se encuentra distante del sentimiento de los ciudadanos, entre otras razones, como consecuencia del comportamiento de los partidos políticos que debieran representar, con honestidad, transparencia y de manera efectiva, las demandas sociales de la población.

La política es concebida como una forma de ejercer el poder con la intención de resolver el choque entre los intereses encontrados producidos dentro de una sociedad. La utilización del término se popularizó en el siglo V A.C., cuando el filósofo de la Antigua Grecia, Aristóteles desarrolló su obra titulada “Política”.

Expresa la identificación del conciudadano con las cuestiones colectivas. De aquí que este quehacer debe motivar la activa participación de hombres y mujeres solidarizados con las expectativas de la comunidad. La experiencia vivencial demuestra que no es así. El concepto que posee el mal denominado “ciudadano de a pie” de la política, de sus interlocutores y de los partidos, es negativa. Esta actividad genera visible malestar y rechazo.

Nos guste o no, los políticos son prototipos. Sus actos debieran caracterizarse por su coherencia, integridad y lealtad a sus principios y convicciones y, por cierto, al electorado que les brindó la oportunidad de servir al pueblo. Deben exhibir una conducta que sirva de marco general.

En ese sentido, reitero lo expuesto en mi artículo “Los elegantes modales de nuestros políticos”: “Por su condición de representante del pueblo el político está en la ‘mira’ de la opinión colectiva. Mayor razón para calcular los efectos y consecuencias de sus vocablos y trayectoria -en su esfera gubernamental y personal- considerando el grado de desprestigio en que están inmersos. Al parecer, se encuentran ‘encapsulados’ en una realidad diferente a la percibida por nosotros. Desde su perspectiva creen que sus prácticas los ‘acercan’ al lenguaje y comportamiento popular. Pero, el elector no les acepta lo que nosotros podríamos realizar en nuestro quehacer diario. El habitante espera una actuación referencial del hombre público”.
Sin embargo, hoy en día existe un “relativismo moral”, lamentablemente, aceptado. “Roba pero hace” es una consigna censurable. No es posible admitir que un gobernante resuelva –con relativa eficiencia- las necesidades de su comunidad y forme parte de latrocinios, corruptelas e inmoralidades. Discrepo con quienes asumen el pragmatismo como modo de hacer política.

De allí que, es común que los políticos conviertan su ejercicio en una “inversión” para obtener beneficios económicos que, por su desempeño profesional, no han alcanzado. Es frecuente la recomendación ilegal, -para lograr un empleo en algún ministerio- la coima, el enriquecimiento ilícito, el desbalance patrimonial, llevar familiares, amigos y partidarios a copar cargos estatales, el tráfico de influencias y un sinnúmero de conductas probatorias de su pobreza interna y ausencia de rectitud.

La honestidad, la honradez y la devoción por un ideal, ha dejado de ser habitual en un medio caracterizado por usanzas indecorosas, complicidades interesadas y silencios convenientes. Toda una secuela de episodios que han transformado la política en una “cantera” de procederes detestables ante los ojos del pueblo. Hay que vincularla con el decoro y la eficiencia.

Afrontamos instantes de profunda crisis moral que nos lleva ha reflexionar acerca del proceder de cada compatriota que, en muchas circunstancias, actúa en pequeña escala similar a los políticos. La diferencia radica en que el político está sometido a los “reflectores” de los medios de comunicación. El prójimo que da una coima, traiciona, asume prácticas impropias, fomenta el tráfico de influencias, etc. no es observado por la opinión pública. Pero, reproduce hechos reprochables.

Desde mi parecer, un par de figuras emblemáticas siempre serán Fernando Belaunde Terry y Víctor Raúl Haya de la Torre. Adversarios, hombres probos, inteligentes, cultos, gestores de partidos con enorme significación en la vida nacional y poseedores de una decencia ejemplar. Pertenecieron a la última generación de estadistas ilustrados y honorables.

El pequeño y acogedor departamento de San Isidro del jefe y fundador de Acción Popular hacía gala de su desapego a lo material. Anaqueles llenos de libros, una réplica del monitor Huáscar, diplomas, condecoraciones y numerosas fotografías, eran su insólita riqueza tangible. Ha sido el único gobernante –en los últimos 30 años- que ha dejado Palacio de Gobierno sin mancha ni cuestionamiento alguno sobre su conducta. Jamás tuvo estilos deslucidos, censurables y sórdidos. Su sobriedad y buenas formas lo hacían merecer el respeto incluso de sus opositores.

Por su parte, el líder y creador del Partido Aprista Peruano exhibió una existencia sobria, no poseyó tarjetas de crédito, cuentas corrientes, chequeras o bienes inmuebles. Vivió sus últimos años en una modesta propiedad -otorgada por una cercana familiar suya- en el populoso distrito de Vitarte, hoy convertida en una casa museo que recomiendo visitar para conocer su sencillo y enaltecedor modelo de vida. Tuvo un precedente inédito al asumir la presidencia de la Asamblea Constituyente (1978) y fijarse un sol de remuneración mensual. Declinó usar el auto oficial que le asignaron, suprimió los gastos de representación en la cafetería del Palacio Legislativo y rechazó contar con custodia policial.

Mi homenaje a esa singular casta heroica de peruanos que se enroló en los asuntos públicos -inspirados en su grandeza- para servir al país. Sus vidas nos recuerdan que ésta puede volver a ser una causa capaz de convocar el entusiasmo de las nuevas generaciones identificadas con nuestra compleja realidad.

Evitemos que las pesimistas y agudas palabras del intelectual y escritor español Noel Clarasó Daudi sigan siendo ciertas: “Política es el arte de obtener dinero de los ricos y votos de los pobres, con el fin de proteger a los unos de los otros”. Anhelamos que la política se convierta en una tarea capaz de hermanar inquietudes cívicas, afirmar ideales democráticos, generar movimientos populares, despertar conciencias, comprometer esfuerzos, suscitar esperanzas y, especialmente, contribuir a resolver las angustias de los más desvalidos.

(*)   Docente, ex presidente del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda e integrante del Buró de la Secretaría Nacional de Relaciones Internacionales del Partido Aprista Peruano. http://wperezruiz.blogspot.com/