Marco Flores Villanueva (*)
Nos complace publicar el discurso del c. Marco Flores Villanueva en la conmemoración del trigésimo aniversario de la desaparición de Víctor Raúl Haya de la Torre -realizada en Nueva York el 2 de agosto del 2009- ante la militancia aprista de esa cuidad. Un mensaje esclarecedor, agudo, emotivo y expresivo de las cualidades intelectuales de tan dilecto militante y fundador del Comité Distrital de San Borja del Partido del Pueblo.
Compañeras y compañeros invitados a esta ceremonia,
Haya de la Torre, una figura de enaltecedoras virtudes ciudadanas, democráticas, intelectuales y morales, cuya conducta política debe ser ejemplo permanente |
En Nueva York, con esta jornada maravillosa y pletórica de espiritualidad, pero también denunciativa por la fuerza de las circunstancias que abaten a nuestro gran partido, se da inicio en las bases apristas de los Estados Unidos de América a la lucha organizada por la recuperación moral e ideológica del Partido del Pueblo, inaugurándose esta gesta -formidable, necesaria y urgente-, en este día, con la evocación reverente, encomiable y rendida de la memoria inmortal, limpia y sin mancha, jefe y fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, Víctor Raúl Haya de la Torre.
Y al evocar a Víctor Raúl, 30 años después de su desaparición física, fuerza es subrayar que el homenaje que hoy rendimos a su paso extraordinario por este vida, no puede disociarse, no puede divorciarse, no puede ignorar la enorme distancia ética e intelectualidad que divide a su biografía -ejemplar, proba y revolucionaria-, con el record grave que exhiben aquellos que se han propuesto liquidar al APRA, entregando al partido y a la patria a la derecha, rancia, mercantilista, inhumana e incompetente del país, enemigos históricos de Víctor Raúl y permanentes adversarios de los altos intereses de la nación y de las necesidades de su pueblo.
Porque hace 30 años, el Perú enlutado por la muerte de Víctor Raúl, paladino de la justicia social, rendía tributo a un hombre austero –ni opulente, ni ostentoso-, porque expiró en una propiedad que nunca fue suya. Porque hace 30 años, el Perú de duelo por la desaparición física de Víctor Raúl, enemigo de la sensualidad y el oro del poder, se agolpaba en las calles y plazas de la nación, por un político que entregó el alma al creador con las manos vacías, porque limpias, incorruptibles y decentes pasaron a lo largo de sus 84 años de vida. Porque hace 30 años, el Perú condolido por el deceso de Víctor Raúl, servidor público de la nación y en la planilla del estado solo al final de sus días, se aprestaba a ofrecer su último y sentido adiós al líder que, en espíritu y tránsito hacia el firmamento grande, allá donde residen brillantes las estrellas, dejó como memoria de su breve, pero fructífera y aleccionadora carrera como presidente de una asamblea constituyente, el suceso sin precedente de haber servido a la nación por la mínima suma mensual de un sol.