Raúl
Wiener Fresco (*)
Todo esto comienza en una dramatización
en la que el ex presidente entra y sale del hospital y ahora de una clínica privada,
cada vez más abatido y delgado, moviéndose muchas veces en camillas y sillas de
ruedas.
Difícil
no conmoverse con las imágenes que nos presentan a un hombre que no parece
tener otra ocupación que la de su propia salud, pero que en realidad ha estado
al mando de la campaña del 2011 y sigue siendo la cabeza de un proyecto
político.
Los hijos demandan un trato humanitario
para su padre, lo que no puede discutirse desde el lado de sus derechos, aún
cuando sus condiciones del prisionero son especiales y le permiten un trato
médico muy cercano y un acompañamiento familiar que ya quisieran otros presos.
El problema es que el debate que ha
levantado el pedido de indulto ha escapado rápidamente de su envoltorio inicial
y ya tenemos editoriales que sostienen que el presidente Humala debe dar la
gracia así se pruebe que el prisionero no se está muriendo, y que para sacar
adelante esta posición se debe recurrir al principio del monarca de perdonar a
quien quiera, ignorar los seguros que se pusieron en la sentencia y prepararse
para salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para acabar con el
“absolutismo caviar” que expresaría este organismo internacional de garantía de
los derechos de la gente.
Le están diciendo así al presidente que
se comprometa a tumbar la decisión judicial del 2009, con todas las
implicancias de impunidad que eso arrastre y que convierta este episodio en una
ruptura definitiva con los sectores que se aliaron con él para detener el
intento de regreso al poder de la familia dictatorial de los 90.
Ya no es con su entorno más cercano,
sino con uno de los componentes sociales y políticos básicos de su victoria que
va dirigido este ataque. Y, por cierto, Ollanta Humala podría quedar mucho peor
que Alan García en el caso Crousillat, si en un cierto plazo el “chino” regresa
a la política nacional.
En realidad se trata de una trampa
política a la que el presidente ha contribuido con su gentil invitación a que
los hijos le presenten el pedido. Esto ha sido captado rápidamente por la
cúpula fujimorista (menos Kenji) que ha movido rápidamente sus fichas.
Caída la sentencia de Javier Villa Stein
era evidente que los recursos legales del eficiente abogado César Nakasaki se
iban agotando. De ahí que el indulto haya entrado como una tromba, como un
ariete político.
Ahora, una comisión de médicos revisará
el pedido y entregará sus conclusiones al jefe de estado que tendrá que tomar
una de las decisiones políticas más difíciles de su gobierno.
La cosa no es simple porque detrás está toda
una larga pelea por la democracia, la moral pública y la justicia para las
víctimas de los abusos de la violencia, que llevaron a una decisión histórica
al condenar al ex presidente. Uno de los motivos de legítimo orgullo de los
peruanos, el hecho que aquí podemos sancionar a los personajes más encumbrados,
está puesto sobre la mesa.
No nos engañemos, que éste no es un tema
del pobre viejito enfermo, sino el de una etapa política de la historia del
Perú, cuyas heridas aún no han cerrado.
(*) Periodista, escritor,
consultor independiente, analista político y económico. Editor de
investigaciones del diario La Primera. Autor del libro “Fe de ratas” (2011).
El
recluso ex presidente Alberto Fujimori Fujimori nuevamente hace noticia
con
la controvertida solicitud de indulto presentada por su familia. El jefe de
estado
Ollanta
Humala Taso tendrá que meditar acerca de las severas consecuencias
políticas
si otorga la gracia presidencial.
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