9 nov 2013

La Puntualidad: Virtud escasa en el Perú

Carlos Penalillo Pimentel (*)


Las costumbres hacen a las sociedades, siendo los ingleses los abanderados en  respetar religiosa y estrictamente la hora. En el Perú nos caracterizamos por lo contrario, la mayoría son seguidores del ex presidente  Alejandro Toledo por su famosa “hora Cabana”.


Para mi modesta opinión, es cuestión de respeto, no solo por ti mismo sino por los demás, por tu trabajo, por tus colegas, por tu familia. Quiéranlo o no cada momento que vivimos está enmarcada en horarios que seguramente resultan incómodos o anacrónicos para los de “mente libre”, “relativistas morales” o los “reformistas”
Pero, sirve de algo ser puntual. Alguna vez me dijeron, cuando comenté que en mis 26 años de labor en el Hospital Edgardo Rebagliati tuve una ó dos tardanzas producto de los retrasos en transporte público, acaso te han premiado, reconocido por escrito, felicitado por tus superiores, regalado algo, te pagan más por ello. Definitivamente no, solo un año se premió con un pavo (quizás lo hicieron con su segunda) pero tampoco me tocó a mí, simplemente no busco reconocimiento y así seré hasta el último día de labor.
Los nuevos conceptos de “calidad” y “excelencia” si premian y destacan la puntualidad pero vemos que por ahora solo en alguna práctica privada y no siempre los que se jactan de tener reconocimiento ISO lo cumplen. Creo que es algo intrínseco de las personas y está ligado como repito con el respeto a los demás, nos queda entonces tomarlo con un buen sentido del humor. “La hora es la hora” le digo a mi querida colega Rosita que siempre acude puntualmente, ni antes ni después, justo a la hora de entrega de guardia. Otros ya conocidos tienen por costumbre llegar 10 o 15 minutos tarde y llegan horondos, frescos como una lechuga, a más de uno que fue mi alumno en su internado hospitalario si lo regresaba a su casa cuando llegaba tarde. Son así y lo seguirán siendo porque además nadie les dice nada ahora, lo que me recuerda la letra del gran cantante Héctor Lavoe, el rey de la puntualidad que decía “No es que llegue tarde, ustedes llegan muy temprano” y siempre se demoraba en empezar sus conciertos.
Otros casos son más jocosos, nos preocupamos los presentes y nos preguntamos cuando no llega, a qué hora llamará, que disculpa dará ahora, ya no le queda abuelitos vivos, se habrá vuelto a torcer el tobillo, se habrá vuelto a chancar la mano con la puerta de su camioneta, habrán cerrado la pista por la maratón de RPP, en eso suena el teléfono y no es el, es su esposa informando que han cerrado el puente y tienen que darse un vuelta para llegar al hospital y llegarán en 15 minutos.
Hace unos días tuve compensatorio y no fui a trabajar y mi buen amigo y colega Jorge me llama a las siete en punto preocupado porque no había llegado. Estaba cerrada el área de donantes, nada estaba en su sitio listo para arrancar la faena diaria, las personas esperando ser atendidas, al rato, me manda un mensaje de texto diciendo “hoy atendemos a partir de las 12”, fue broma por supuesto.
Es muy probable que esto se corrija en algo cuando se ponga en uso en el hospital el marcador con huella digital, aunque debo manifestar que como reza nuestro refrán popular “hecha la ley, hecha la trampa”, ya verán cómo sacarle la vuelta.
Ama al prójimo como a ti mismo, no hagas a otro lo que no quieras que hagan contigo. Aprendamos a respetarnos y principalmente respetar al que asiste a un centro de atención donde espera ser atendido a la hora que está indicada, no 20 minutos ni media hora después.

(*) Licenciado Tecnólogo Médico en Laboratorio Clínico y Anatomía Patológica, militante del   Comité Distrital de San Borja y ex dirigente estudiantil de la JAP.





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