9 nov 2013

Martha Chávez vs. los Derechos Humanos

Daniel Parodi Revoredo (*)



En una nota anterior titulada "Dos apuntes sobre la CVR" señalé que no podía pretenderse que la Comisión de la Verdad y Reconciliación no denunciase los excesos cometidos por el estado y las Fuerzas Armadas durante la época del terror porque estos, en efecto, habían ocurrido y donde impera la ley deben sancionarse, tan sencillo como eso. Sin embargo, también señalé que faltaba mejorar la percepción corriente respecto del rol desempeñado por aquellas fuerzas y desasociar su defensa de nuestra sociedad de los casos en los que se cometieron excesos, ya sancionados o sancionables.


Un elemento central de mi argumento fue que el informe final de la CVR debe tomarse como lo que es: como un material no vinculante que ofrece testimonios invalorables sobre la guerra interna a partir de los cuales debe aplicarse una política de reconciliación nacional.

Esta introducción me sirve para subrayar el despropósito de la designación de Martha Chávez como coordinadora del grupo de trabajo de Derechos Humanos del Congreso de la República. La designación no es mala por la posición que defiende la congresista, pues su tendencia política tiene que estar representada. El problema con Chávez es su perfil radical que la muestra como poco abierta al diálogo. Ciertamente, algunas declaraciones suyas, muy desafortunadas, difícilmente permitirán avanzar en una agenda sensibilísima, como la de los DD.HH. Sólo su Twiter de hace pocos días -"Hay que poner en su sitio a seudo defensores de DD.HH"- denota que se avecina un año de alta conflictividad para el referido grupo de trabajo, la que saltará intermitentemente a la prensa y enrarecerá, aún más, la cargada atmósfera política nacional.

De alguna manera, la designación de Martha Chávez y las reacciones que ha suscitado ilustran el estado de la cuestión sobre la materia, caracterizado por una alta polarización. De hecho, ninguna bancada o sector ha manifestado hasta ahora la madurez suficiente cómo para tender puentes y promover un auténtico proceso de reconciliación nacional del cual, como he señalado, el informe de la CVR debe constituir la materia prima antes que la última palabra.

Pero ¿Qué es lo que se necesita para avanzar hacia un verdadero proceso de reconciliación nacional respecto de la guerra interna? En primer lugar, obtener la voluntad de los actores políticos; en segundo lugar, alcanzar algunos consensos mínimos como por ejemplo la no participación de los terroristas en la experiencia, lo que resultaría inaceptable para los demás. En tercer lugar, definir que el trabajo más importante debe realizarse entre los siguientes sectores: Las fuerzas armadas y la sociedad y las víctimas de la violencia subversiva y las víctimas  de la violencia del estado.

Cómo están las cosas en la política nacional, el grupo parlamentario de Derechos Humanos necesita convocar a una institución internacional especializada en la literatura y metodología existentes sobre procesos de reconciliación para que conduzca el nuestro. Este organismo debe reunirse con las partes para establecer la agenda de trabajo, así como fungir de moderador. Ciertamente, es menester que los parlamentarios que conformen el grupo presenten un perfil conciliador lo que constituirá, per sé, una manifestación inicial de buena voluntad.

Luego, el desarrollo en el mediano y largo plazo de los puntos contenidos en la agenda debería generar empatías fundamentales entre los integrantes del grupo que es imprescindible para alcanzar consensos básicos. Definidas la agenda y metodología a emplearse, deben realizarse variadas dinámicas contando con la participación de miembros representativos de los sectores que he indicado – sociedad civil y Fuerzas Armadas- para que se conozcan y compartan sus experiencias. Al finalizar el trabajo se difundirá las principales ideas-fuerza que se adoptaron por consenso. Estas ideas-fuerza se vierten luego a la sociedad para que las debata y, eventualmente, las incorpore en su discurso/percepción sobre la guerra interna. De este modo podrá procesar y superar los traumas remanentes. Pero, como he dicho, para comenzar se requiere la voluntad de las partes. Habrá que seguir esperando.


(*)  Historiador, intelectual, escritor, periodista, colaborador de Diario 16 y La Mula. Docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú y experto en las relaciones peruano-chilenas.

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