11 dic 2013

Montesinos sigue siendo protagonista

María del Pilar Tello (*)


¿La protección ordenada para el operador César López Meneses obedece al poder del montesinismo dentro del gobierno de Ollanta Humala? ¿Quiénes dieron esa orden y por qué? Proteger con alarde policial una casa dónde no vive ninguna alta autoridad castrense ni política debe tener una razón y el gobierno debe responder cuál es. Pero las respuestas no las quieren dar los fujimoristas que saben que en su gobierno tuvieron a Vladimiro Montesinos como un supermandamás y ahora se hacen los que no lo conocen, ni los humalistas que permitieron la protección de un operador de Montesinos. Ambos sectores miran a otro lado mientras acusan a diestra y siniestra.


Este ejercicio político acusatorio sería risible sino fuera dramático. Es esencial saber si Montesinos mantuvo poder e influencia en los gobiernos posteriores al de Alberto Fujimori, quien no solo le permitió asumir un superpoder paralelo sino que hasta lo indemnizó con 15 millones de soles. Pero sobre todo es esencial saber si se mantiene esa influencia en este gobierno.

Acusar a otros destempladamente no borra la falta, tirarse unos a otros la papa caliente tampoco, la ciudadanía asiste estupefacta  a un espectáculo de irresponsabilidad.

La historia del poder de Vladimiro Montesinos no está tan lejana como para olvidarla. Conociéndola el pre­sidente Ollanta Humala pudo despejar las nubes de la más grande tormenta política de su gobierno pero no lo hizo. Si sabemos cómo trabajaba el superasesor su inmensa red de poder e información cómo no temer su permanencia, sus tentáculos desde la cárcel, su inteligencia en acción para fines protervos. Cómo estará disfrutando en su celda de este escenario fabricado a su medida, que desestabiliza un gobierno que se revela débil. 

Las sospechas son legítimas y hay urgencia de despejarlas más allá de gestos histriónicos o palabras fuertes. Ya tuvimos bastante de eso y también de oportunas cortinas de humo para mejor manipular. Si la red montesinista persiste al interior de los sectores castrenses resulta tóxico pero si se extiende a lo político, que nos cojan confesados.

¿Este es el gobierno de la honestidad que hace la diferencia? Ojalá lo fuera. ¿Dónde quedaron las voluntades firmes y las conductas no manipuladoras que necesitamos para descartar desconfianzas?

Porque la crisis es de confianza, de credibilidad y de seguridad y debería ser la oportunidad de encarar las dudas que se retroalimentan cuando vemos el debate político de estos días. 

El costo ya pagado no ha resuelto nada. Cayeron un ministro, un asesor presidencial y algunos jefes policiales. Las versiones presuntamente defensivas tampoco convencieron. Menos aún la repartición de culpas entre la oposición, la prensa, al montesinismo, el apromontesinismo, el fujimontesinismo y el aprofujimontesinismo, etc. Y no se trata de generalizar culpando a la Policía Nacional, una institución lamentablemente cuestionada.

La protección se dio, se mantuvo y se sostuvo por orden de gente con poder, que pertenece a este gobierno y no puede ser atribuida sólo al dinero que fluye de un lobbysta que quería dar muestras de influencia. Simplismo absurdo.

Lo peor es el desgaste de las instituciones tutelares que deben servir para la democracia. A contracorriente, el temor a las prácticas montesinistas supérstites ya está instalado. Y sólo podría descartarse con una investigación honesta, transparente y valiente, exigida por los verdaderos demócratas que vemos cómo Vladimiro Montesinos sigue protagonizando la escena política.


(*)   Periodista, analista política, escritora, docente universitaria, integrante del Comité Técnico de Alto Nivel del Acuerdo Nacional y ex presidenta del directorio de Editora Perú.



Vladimiro Montesinos y sus aparentes conexiones con el poder de turno
a generado una nuevo y difícil controversia para el gobierno de Ollanta Humala. 

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